Archive for the 'Andanzas' Category

Retiradas

Auto Date Martes, Enero 13th, 2009

Llegar y NO besar el santo… mi entrada (y salida) en (y de) China ha sido espectacular…

Ir de Hong Kong an Shenzen es sencillo: coges una especie de metro ligero y en menos de 30 minutos estas en el paso de Lo Wu (la frontera con China), pero bajas, haces todos los papeleos, entras en el pais y, en menos de 5 minutos, eres consciente de que comunicarte en China es jodido… Igual que yo no soy capaz de decir “pi`ao” (billete) y que me entiendan, ellos no entienden el internacionalmente conocido (o quiza no tanto) “ticket”… la gente acude en tu ayuda a la minima de cambio, pero la buena voluntad no es suficiente en un caso como este. Sonrisas… muchas, e intentos los que mas (cada uno en su idioma… bueno no, yo en ingles, que no llega a ser el mio, of course, aunque me gustara creer que si…) pero despues de varias horas de trajin, te encuentras con un billete que parece que te lleva a Guilin o Yangshuo (una u otra da igual) pero del que tampoco entiende absolutamente nada… y si llegara a alguno de estos dos sitos, la cosa no estaria del todo mal (me juran y perjuran que alli todo el mundo habla ingles), pero si por casualidad no hemos conseguido entendernos… mal, muy mal, llegando a un lugar que desconozco, donde ya no hay transcripciones en caracteres occidentales, y donde seguramente nadie entendera ni una palabra… (tambien me aseguran eso)

Y en esa situacion, y con un movil que no quiere entrar en la onda china, y con una advertencia de que encontrar sitio para dormir ahora es complicado porque se acerca el anio nuevo chino… decido, en un ataque de agobio bestial, coger las de villadiego y volverme por donde he venido (el metro ligero…)

Y la tentacion era grande… y si no… pasen y vean…

Guilin - Yangshuo

pero por primera vez en mi vida, he tenido que decir “no” a algo de este tipo… quiza me he equivocado… y lo pago con la sensacion de frustracion por no haber podido ir… pero no me he sentido con la suficiente seguridad como para poder hacerlo… next time maybe… next time with friends! alguien se apunta?

Sorcitroen

Auto Date Sábado, Diciembre 8th, 2007

Ponerte al volante de una Vespa de hace más de veinte años, con marchas, con una mochila dudosamente amarrada en la parte trasera, uno de esos cascos calimeros que continuamente se desliza sobre tu cabeza cayendo justo a la altura de tus ojos y, por tanto, haciendo trizas tu campo de visión, en un país donde el parque automovilístico es de lo más variopinto, la gente camina tranquilamente por la carretera, y encima se conduce por la izquierda… es un SUICIDIO SEGURO.

Ver llegar el momento de tu muerte en el Km. 0… es un GOLPE DE SUERTE.

Cambiar de vehículo a uno de cuatro ruedas… es quizá una de las decisiones más acertadas que he tomado en toda mi vida.

El resto… un continuo desastre (pero vamos… como toda yo):

   - la ventanilla del copiloto no sube,

   - aún no he conseguido dejar el coche cerrado con llave por la noche (ni a ninguna otra hora del día, claro),

   - tengo permanentemente encendida una luz en el salpicadero, cuyo significado desconozco, no por falta de iniciativa, sino porque tengo un libro de instrucciones en perfecto japonés. Y aunque he pasado horas fijándome en los símbolos de ese diabólico librito, no he conseguido llegar a ninguna conclusión fiable,

   - creo que llevo activada la tracción a las cuatro ruedas y no puedo quitarla, lo que hace que el coche sea bastante inestable en algunas ocasiones

   - y,  finalmente… en esta preciosa isla no hay ni una maldita señal!

Por lo demás… estoy encantada.

Conducir por un lugar como Zanzíbar es toda una experiencia que ningún conductor debería perderse.

Frustraciones

Auto Date Sábado, Diciembre 8th, 2007

He tenido que renunciar a Kenia. Más que a Kenia, al lunatic express entre Nairobi y Mombasa, y estoy jodida. Bastante jodida…

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Pequeñeces

Auto Date Sábado, Diciembre 8th, 2007

Me sentí estúpida. Aún ahora me sigo sintiendo así: Cuando decidí enrolarme en uno de esos safaris organizados, me vi palidecer lentamente de la pena.

No es que yo pretenda ser más lista que el resto de la gente, pero cuando durante estos últimos años me he imaginado en África, siempre ha sido sin tener un rumbo fijo. Como el que anda sin saber a donde quiere llegar, convencido de que va a disfrutar en y con el camino. Así era como me veía; y claro, el choque de aterrizar de pronto en un mundo hecho para (y la mayoría de los casos “por”) blanquitos a los que alimentar y trasladar de un sitio a otro, para que tomen esos cientos de fotografías con las que aburrir a sus pacientes amigos y familiares… fue demasiado duro.

Y si encima te encuentras  con un grupo de tres aguerridos y autistas exploradores como compañeros de viaje… te sientes (además de estúpida) totalmente perdida.

No es que yo tenga nada en contra del autismo y el aislamiento. De hecho, disfruto bastante de la soledad, pero bueno, si uno decide convivir con un grupo de gente durante 5 días, debe hacerlo con todas las consecuencias (muy a mi pesar en algunas ocasiones).

El caso es que gracias a los malditos turoperadores y a estos tres compañeros de viaje que he tenido, he pasado alguna de las noches más hermosas que recuerdo. He descubierto la inmensidad de la oscura noche africana con el sonido, más que cercano, de los animales más exóticos, en la más profunda y absoluta soledad…

MIS PENSAMIENTOS Y YO…

Quizá mejor MIS EMOCIONES Y YO, todo en uno.

Y es ahí, justo en esos momentos, cuanto asimilas de una vez por todas que… no es que seas (o te hagas) pequeña de vez en cuando, no. Es que eres insignificante. Una diminuta pieza, aún sin colocar, de un puzle que puede que al final acabe teniendo algún sentido…

Mzungu

Auto Date Sábado, Diciembre 1st, 2007

Dice Reverte…

“Nunca he sabido explicar bien por qué me gusta Dar es Salaam y creo que más de uno ha  pensado que estoy algo majara cuando lo he dicho en voz alta […] La circulación de Dar es caótica, el asfalto es poco más que un campo de socavones y una buena parte de sus edificios muestran las mordeduras del tiempo o están sencillamente abandonados. Al llegar a Dar, uno tiene la impresión de que por allí acaba de pasar un tifón […] Dar, más que sucia, es mugrienta, y la mayoría de sus habitantes se echan cada día a la calle sin nada en los bolsillos, a buscarse la vida simplemente. Lo que extraña es que, pese a ello, no haya apenas delincuencia, salvo algunos raterillos en los mercados y las estaciones de trenes y autobuses […] Pero a mí me gusta. ¡Qué demonio!

Porque los hombres te sonríen desde su pobreza, porque las mujeres intentan ser bellas a pesar de no serlo, porque sus gentes aman una ciudad que es horrorosa, porque los extranjeros son los amos de la ciudad y eso a nadie nacido en Dar le molesta demasiado, porque huele a sal caliente y a mar bravo y a flores y a cloacas, porque nadie te confunde con un gesto ambiguo, porque cuando te dicen “sí” es que sí, y cuando te dicen “no” se arrepienten al segundo de haberte negado algo. Porque llegas allí y te imaginas que tienes que sobornar a quien necesita dinero y a ese mismo tipo, con sólo una sonrisa amable, le has hecho tu amigo, porque nadie tiene prisa y trabajar es un empeño que todos en Dar consideran deleznable, y porque hay amigos posibles en cada bar, en cada autobús y en cada tren”

Y, aunque he pasado poco tiempo en esta ciudad, coincido en muchas de las cosas que dice: se camina sin prisas, a pesar del caos, y la gente te grita “Mambo – Jambo” al cruzarse en tu camino. Si encima aciertas a contestar “Safi” con la suficiente valentía como para que te escuchen, te abras ganado una de las sonrisas más amplias de las que vas a ver en el resto de tu vida… Por eso, y por muchas más cosas, Dar es Salaam tiene cierto punto de enganche extraño.

Y aún así, me alegro de haber salido de esta ciudad. Simplemente porque no deja de ser una ciudad, y estoy cansada de andar por ciudades. Sin más.

Dicen que un buen sitio para descubrir la vida de un país son los mercados, y estoy de acuerdo, pero (y no creo que nadie se sorprenda ahora) yo vuelvo a insistir en las estaciones de autobuses – viajes no organizados. En unos minutos tan solo, puedes vivir cualquier tipo de experiencia, puedes toparte con cualquier tipo de persona, y subirte en el autobús equivocado… o no. Y una vez dentro del autobús se crea una especie de comunidad, donde se comparte mucho, sobre todo si el viaje dura 10 horas (con suerte), hay más gente de la cuenta y el calor es insoportable. Esa ha sido mi experiencia de hoy, y aquí es he sido más Mzungu (persona blanca, en swahili) que nunca.

El trayecto ha ido sin grandes acontecimientos (al menos ya no me lo parecen después de la experiencia latinoamericana), pero es curioso ver cómo está todo perfectamente organizado hasta el último detalle. Paradas continuas con intercambios de mercancías - coca cola, magdalenas, piñas, naranjas y mangos - y una parada para ir al “baño”: los chicos a un lado de la carretera y las chicas a otro. Y claro, donde fueres…

Después de compartir un momento como estos entre canias de azúcar y demás flora salvaje, tu piel se oscurece leve e instantáneamente. Dejas de ser mzungu y pasas a ser “sister”: “Hey, sister! Fredom!!!! – Above all, brother, above all!”

Lo que cuesta trabajo entender es que estés viajando sola. Prefieren escuchar que por alguna razón (que no te van a preguntar) te has separado de tu novio, con el que vas a volver a encontrarte dentro de x. A partir de ahí, empieza el lio…

   - Of course we want to have babies! We are expecting twins, you know!
(smile)

   - He LOVES music and is thinking of having his hair done… with rastas!

Really? What kind of music?

   - Celine Dion

(bigger smile)

FIN

El caso es que, entre unas cosas y otras, por fin he llegado a Moshi, donde se respira paz y tranquilidad. El Kilimanjaro casi no tiene nieve ya (y dicen que dentro de 20 años no volverá a tener más) pero verlo desde la terraza del sitio donde voy a pasar la noche, ha sido uno de los grandes momentos del día.

Y ahora a por una cerve!!! ¡Que mañana será otro día!

Bartuleando

Auto Date Miércoles, Noviembre 28th, 2007

Un golpe de suerte, una minúscula ración de iniciativa y, sobre todo, dos libros de Reverte, me llevan a “la-ciudad-de-la-paz”.

Lo que pase a partir de ese momento, aún está por ver…

Perdón, por VER.

Sensaciones

Auto Date Lunes, Noviembre 5th, 2007

Es extranio como cambia la percepcion de una ciudad en tan solo unos meses, con tan solo una bufanda de mas y unas sandalias de menos…

…mas extranio es estar en esta ciudad con la cabeza (y el alma) puesta en otra… 

Momentos estelares

Auto Date Lunes, Agosto 13th, 2007

Pillarte el melocotón del siglo con tus tíos después de haber pasado tanto tiempo luchando porque se reconozca tu (mi) lugar como persona adulta en la familia, te devuelve automáticamente a los 13… En fin, así es la vida!¡ 

Hoja de reclamaciones

Auto Date Jueves, Abril 12th, 2007

No llego a entender cómo en Europa aún no es posible dirigirse a un aeropuerto con una actitud similar a la que se lleva a una estación de autobuses o de tren. Esto es: uno piensa a dónde quiere ir, se planta en la terminal una horita antes (para ser generosos) y pide su billete… a Ginebra, por decir algún sitio. Y la señorita (o el señor) de turno le sonríe mientras expide su ticket, sin el más mínimo gesto de desaprobación y sin querer cargarle a uno el triple del precio normal: “¡oiga! tendría que haberlo pensado usted con 4.3 meses de antelación, y haberse planteado coger un vuelo a las 23.38 del martes 13, con vuelta miércoles 14, a las 6.49, si es que quería una tarifa asequible”.

Y es que claro, esto que sufrimos en nuestro continente le deja a uno cero grados de libertad, o lo que es lo mismo: poca (o ninguna) posibilidad de improvisar. ¡Sí señor! Nuestros colegas latinos nos llevan dos pueblos de ventaja, y se nota, porque además, ¿cómo no vas a conquistar a tu amorcito de turno diciéndole… “cariño, mañana nos vamos a Estambul”? No señor, nosotros estamos avocados a fines de semana nacionales (que no es que sea mala cosa, pero para un momento de espontaneidad tenemos que reconocer que tienen mucho menos glamour).

El caso es que:

más libertad = menos frustraciones = aumento del nivel de satisfacción personal del individuo = mayor longitud de la sonrisa del ciudadano de a pie en su caminar diario.

Aunque también, tenemos otra posible consecuencia: blablablabla… = aumento de grado de romanticismo = aumento del número de temas del tipo “aún-soy-el-dueño-de-tus-sueños” (lo que no sé si necesariamente es bueno).

Historias aparte… esto de aquí es una queja formal: ME SIENTO MUY PERO QUE MUY ESTAFADA POR LAS COMPAÑÍAS AÉREAS QUE FUNCIONAN EN NUESTRO PAÍS. Y para que mi enfado conste de alguna manera, de momento lo dejo aquí, en este rincón. 

Otra cosa es que mañana llegue mi equipaje a destino. Con una conexión de 40 minutos entre vuelos, lo raro es que pueda facturarme a mi misma hasta el final del trayecto. Por si acaso, ya está todo previsto: mochila a cuestas y maleta con derecho a extravío facturada convenientemente para que alguien pierda el tiempo enviándola hasta La Paz, con tres días de retraso. Si todo sale bien, prometo “echarme una treta” a la salud del personal de la terminal de vuelos internacionales del aeropuerto de Lima.

Cuestión de fe

Auto Date Martes, Abril 10th, 2007

Me marcho con una última mirada directa a los ojos. Parece honesto. CREO que lo es. Dejo una pasta a cambio de una pegatina (el timo de la estampita no ha estado nunca tan a huevo) pero, no sé, hay niños  alrededor de él, y eso, aunque sea estúpido, me da confianza.

Sí. CREO. CREO que todo va a ir bien.

Miro al frente y veo la avioneta en la que voy a volar. Bien, no está mal. Aterrizo en Lago Agrio: “esta descuidada ciudad petrolífera no es de las más turísticas […] Bares sórdidos, prostitutas y fugitivos comparten inmuebles con trabajadores del petróleo, de alto poder adquisitivo, mientras los trabajadores lugareños agachan la cabeza y se ocupan de sus asuntos […] El actual conflicto en la vecina Colombia, ha convertido a las ciudades fronterizas como Lago Agrio, en refugios para guerrillas colombianas, paramilitares que se oponen a los rebeldes traficantes de drogas […]”

Que así sea!¡ Y así es…

“El verdadero atractivo de la capital de la provincia de Sucumbios es ser el punto de entrada a la espectacular y singular reserva de Cuyabeno […]” LA SELVA ECUATORIANA.
El aeropuerto es la mínima expresión de aeropuerto. Un tractor transporta los equipajes que van siendo compulsivamente tirados al interior de una habitación que da a la pista de aterrizaje.

Abandono el lugar entre militares, lo que ni de lejos me da seguridad, sino más bien cierto desasosiego.

Nadie me espera con mi nombre, con una sonrisa o con un distintivo guiri. Nadie. ¿Y yo? Pues yo simplemente CREO que va a aparecer. Y así es. A su tiempo (que no necesariamente tiene que coincidir con el mío, claro) Con toda la tranquilidad del mundo, veo un papel blanco agitarse a lo lejos, en las manos de un tipo, que no mira a nadie. Adivino – imagino – quiero ver – CREO – que tiene el mismo logotipo que mi pegatina. Efectivamente, así es.

En el “coche”… dos suecas, con buena intención, pero si mucha idea de español. Y un ecuatoriano, sin ninguna intención de lanzarse con el inglés. Bien, me acaban de nombrar intérprete oficial de ese reino.

Nos adentramos en la selva. Efectivamente, tiene toda la pinta de ser el refugio de las guerrillas colombianas (esto es lo que ha conseguido la industria cinematográfica estadounidense). En ese momento tomo conciencia de algo. Nadie, absolutamente nadie, sabe dónde estoy. Mi móvil ni tan siquiera intentó entrar en la onda ecuatoriana y murió en el mismísimo aeropuerto, y claro, lo más probable es que no haya ni…  electricidad! Las señales de humo son más propias del oeste americano, y el tema yogur con hilo no funciona en modo wifi. Estoy vendida.

Dos horas y media de camino (que no carretera) en el que estamos a punto de volcar en más de una ocasión. Ahí se me hace un poco más duro, aunque sigo CREYENDO que todo va a ir bien.

Veo mis primeros animales selváticos: una vaca y un cerdo en medio de la carretera. Desilusión. Cuando pensé en meterme en esto, nunca imaginé que me encontraría con estas especies. Esperaba algo más exótico, no sé. Error. Esta gente también tiene que comer ¿no?

A medida que nos adentramos en la selva, el sentimiento de aislamiento aumenta.
Termina la tierra firme y comienza el trayecto en barco. Tres horas, tres. Las primeras gotas de lluvia las recibo con cierta alegría. A las dos horas estoy hasta la punta del pie (literal y metafóricamente hablando) de agua, porque además, todos sabemos que a partir de cierta velocidad (ni mucha ni poca, la justa) el agua deja de ser blanda. Bien, nosotros navegábamos por encima de la velocidad límite del fluido en cuestión. Así de sencillo.
Me doy cuenta de que lo que yo creía protegido de la lluvia no lo está. El pasaporte y el formulario de entrada, que tan cuidadosamente había rellenado en el avión, y que es mi única forma (sencilla) de salir de este país, están empapados. Pero bueno, CREO que con un poco de buena intención puede leerse.

Llegamos a nuestro destino!¡ Llegamos y… tomo conciencia de la segunda realidad importante del día (después de lo de las vacas): En la selva no hay nada que hacer, a menos que seas Tarzán, Jane, Indiana Jones o similar. Aquí, la sensación de aislamiento y claustrofobia es bestial. Contra la claustrofobia social sé qué hacer: no pensar en ello (contra la física, pensar que aún puedes seguir respirando). Contra la sensación de aislamiento… CREER que se pasará.

Y es que, en estos momentos de mi vida, me cuesta pararme. Me cuesta estar, sin más. Ahora más que nunca, y no sé muy bien por qué. Cuando me doy cuenta de esto, cambio de pensamiento: me va a venir bien.

Al cabo de un rato aparece un grupo de 12 personas: yanquies, noruegas, holandeses, alemanas, ingleses y ecuatorianos. ¡Estamos en port aventura!

El campamento está… ESTÁ. El tema puertas-en-el-baño-y-duchas no se lleva. Tampoco me preocupa.

¡“Empieza la “diversión”!

Delfines rosados, mariposas transparentes, perezosos, monos de distintos tipos. Insectos… ¡miles de insectos!

Aquí, las hormigas (crudas) saben a limón. Los gusanos (crudos también)… a coco. Y quien no los pruebe, no puede decir que ha estado en la selva. Lo siento pero no.

¿La experiencia? Pues la verdad es que mola.

¿Heridas de guerra? Varias. Aunque creo que no me ha mordido ningún insecto (tengo en mi poder una camisa selvática que ni el mejor repelente de insectos de farmacia…). Puede, eso sí, que me los haya bebido… aunque CREO que no. No sé, cuestión de fe.