Archive for Abril, 2007

¿Enajenaciones transitorias?

Auto Date Jueves, Abril 26th, 2007

El veredicto fue rotundo.

A
L
I
V
I
O

Nunca, ni en sus peores momentos, habría imaginado que preferiría estar enferma a loca.
Esos ataques de locura, que hasta el momento habían aparecido envueltos en cierto aire de misterio, eran los responsables de pasiones y arrebatos, de fiebre y delirios, de los sentimientos de abandono, de desidia y de melancolía más intensos que conocía. La locura había sido su razón de ser, lo que la había mantenido viva… y también muerta.

¿45, 90… tal vez 180º? No sabía bien qué esperar, qué giro describiría el vector que marcaba el sentido de su vida. Desde que se supo enferma, eso sí, estaba convencida de que nunca sería 43,73º ni 12,89º.

De camino a casa comprendió que ahora, que estaba oficialmente cuerda, no podría volver a correr por ciudades desconocidas, que no volvería a desear extender los brazos y saltar, mirar al frente y lanzarse al vacío. Supo que no podría sonreír sin motivo, ni hablar con desconocidos. Empezó a digerir que ya no podría dejar en libertad a su alma, que nunca más podría volver a dejarla escapar.

Tomó conciencia de que éste era el mundo en el que le iba a tocar vivir; un mundo que discurría bajo un aburrido cielo azul. Lo que nadie, ni ella misma, imaginó, es que entre los escasos restos de su anterior vida seguía contando con un recipiente de pintura naranja, con la que sus delirantes manos solían colorear su propio universo…

Equilibrios

Auto Date Lunes, Abril 16th, 2007

Hacía meses que no lo conseguía. Hoy ha sido EL DÍA. El día en el que he podido coger un libro y leer con toda la tranquilidad que da la lectura.

Disfrutar leyendo, esperando que fuera la hora de volver a La Paz, deseando poder detener el tiempo, envidiando a los que lo han logrado (aunque sólo fuese un efecto cinematográfico). Tirada (todo lo literalmente tirada que uno se pueda imaginar) en un banco, bajo el sol, con uno de estos adictivos chupa-chups de uva que tienen aquí.

Y es que estoy en una etapa de mi vida en la que tengo cierta dificultad para disfrutar de los pequeños placeres, de esas PEQUEÑAS COSAS que hacen que este mundo sea mucho más interesante e intenso.

Sentir el calor del sol en la piel, el sabor del caramelo en la boca, y navegar en mi imaginación por The Brooklyn Follies, ha sido uno de los momentos naranjas de hoy (por suerte, no el único).

He disfrutado tanto, que me da miedo no volver a hacerlo.

Y es que me siento en una especie de cuerda floja, por la que tengo que andar con  mucho cuidado, si no quiero caerme al vacío. Y bueno, lo consigo (no caerme) pero claro, cuando se fija toda la atención en un punto, se pierde la perspectiva, los detalles del camino.

Ojalá, muy pronto, pueda volver a abrirme, de manera más continuada, a este mundo sensorial que ahora tengo algo abandonado. Es que siento que sólo en estos momentos puedo decir abiertamente aquello de… I’ve enjoyed the ride!¡

Juana

Auto Date Lunes, Abril 16th, 2007

No tiene más de ocho años. Es bonita y tiene una sonrisa preciosa. Parece tímida. 

Trabaja vendiendo bolsitas de refrescos en un control policial en la carretera que une Potosí y Sucre. Al detenernos, como todas sus compañeras, se acerca al coche… En silencio, con la cabeza agachada. 

No es capaz de mirarme directamente, y cuando nuestras miradas se cruzan, desvía la suya rápidamente. 

No sé de cuánto tiempo estoy hablando. Unos minutos, no más. Unos minutos que ha pasado apoyada en la ventanilla del coche. Mirándome cuando creía que no la veía. Retirando la mirada cuando se daba cuenta de que sí. 

No parecía estar interesada en vender. 

No sé que le ha podido pasar por la cabeza durante ese tiempo, y no sé si quiero saberlo. Me ha pedido un lápiz… que no tenía, y me he arrepentido mil veces de no haberme traído conmigo lápices de colores. 

¿Cómo será la vida de Juana? Posiblemente esté escrita: seguir vendiendo bolsitas de refrescos en el control policial… 

Espero, con toda mi alma, que le guste su trabajo, pero no lo tengo claro. En su mirada, en su actitud pensativa, he creído ver que me encontraba ante una niña voladora, y me han dado ganas de decirle: “Sueña. Sueña y vuela si sientes que quieres volar…”, pero no lo he hecho. Posiblemente porque he pensado que no lo entendería. ¡Qué tontería! A sus no más de ocho años, Juana seguramente entiende muchas más cosas de las que yo llegaré a entender en toda mi vida. 

Y me han dado uno de esos estúpidos impulsos que dan a los que vivimos en un país “que mola”: VENTE, VENTE CONMIGO. 

Al final, nuestro encuentro ha quedado en un tímido intercambio de nombres y en algunas explicaciones sobre el contenido de sus bolsitas. 

Le he regalado mi pulsera y, con ella, mis mejores pensamientos. 

Ciao” - me ha dicho – mientras buscaba, esta vez sí, en lo más profundo de mis ojos.

Hoja de reclamaciones

Auto Date Jueves, Abril 12th, 2007

No llego a entender cómo en Europa aún no es posible dirigirse a un aeropuerto con una actitud similar a la que se lleva a una estación de autobuses o de tren. Esto es: uno piensa a dónde quiere ir, se planta en la terminal una horita antes (para ser generosos) y pide su billete… a Ginebra, por decir algún sitio. Y la señorita (o el señor) de turno le sonríe mientras expide su ticket, sin el más mínimo gesto de desaprobación y sin querer cargarle a uno el triple del precio normal: “¡oiga! tendría que haberlo pensado usted con 4.3 meses de antelación, y haberse planteado coger un vuelo a las 23.38 del martes 13, con vuelta miércoles 14, a las 6.49, si es que quería una tarifa asequible”.

Y es que claro, esto que sufrimos en nuestro continente le deja a uno cero grados de libertad, o lo que es lo mismo: poca (o ninguna) posibilidad de improvisar. ¡Sí señor! Nuestros colegas latinos nos llevan dos pueblos de ventaja, y se nota, porque además, ¿cómo no vas a conquistar a tu amorcito de turno diciéndole… “cariño, mañana nos vamos a Estambul”? No señor, nosotros estamos avocados a fines de semana nacionales (que no es que sea mala cosa, pero para un momento de espontaneidad tenemos que reconocer que tienen mucho menos glamour).

El caso es que:

más libertad = menos frustraciones = aumento del nivel de satisfacción personal del individuo = mayor longitud de la sonrisa del ciudadano de a pie en su caminar diario.

Aunque también, tenemos otra posible consecuencia: blablablabla… = aumento de grado de romanticismo = aumento del número de temas del tipo “aún-soy-el-dueño-de-tus-sueños” (lo que no sé si necesariamente es bueno).

Historias aparte… esto de aquí es una queja formal: ME SIENTO MUY PERO QUE MUY ESTAFADA POR LAS COMPAÑÍAS AÉREAS QUE FUNCIONAN EN NUESTRO PAÍS. Y para que mi enfado conste de alguna manera, de momento lo dejo aquí, en este rincón. 

Otra cosa es que mañana llegue mi equipaje a destino. Con una conexión de 40 minutos entre vuelos, lo raro es que pueda facturarme a mi misma hasta el final del trayecto. Por si acaso, ya está todo previsto: mochila a cuestas y maleta con derecho a extravío facturada convenientemente para que alguien pierda el tiempo enviándola hasta La Paz, con tres días de retraso. Si todo sale bien, prometo “echarme una treta” a la salud del personal de la terminal de vuelos internacionales del aeropuerto de Lima.

Cuestión de fe

Auto Date Martes, Abril 10th, 2007

Me marcho con una última mirada directa a los ojos. Parece honesto. CREO que lo es. Dejo una pasta a cambio de una pegatina (el timo de la estampita no ha estado nunca tan a huevo) pero, no sé, hay niños  alrededor de él, y eso, aunque sea estúpido, me da confianza.

Sí. CREO. CREO que todo va a ir bien.

Miro al frente y veo la avioneta en la que voy a volar. Bien, no está mal. Aterrizo en Lago Agrio: “esta descuidada ciudad petrolífera no es de las más turísticas […] Bares sórdidos, prostitutas y fugitivos comparten inmuebles con trabajadores del petróleo, de alto poder adquisitivo, mientras los trabajadores lugareños agachan la cabeza y se ocupan de sus asuntos […] El actual conflicto en la vecina Colombia, ha convertido a las ciudades fronterizas como Lago Agrio, en refugios para guerrillas colombianas, paramilitares que se oponen a los rebeldes traficantes de drogas […]”

Que así sea!¡ Y así es…

“El verdadero atractivo de la capital de la provincia de Sucumbios es ser el punto de entrada a la espectacular y singular reserva de Cuyabeno […]” LA SELVA ECUATORIANA.
El aeropuerto es la mínima expresión de aeropuerto. Un tractor transporta los equipajes que van siendo compulsivamente tirados al interior de una habitación que da a la pista de aterrizaje.

Abandono el lugar entre militares, lo que ni de lejos me da seguridad, sino más bien cierto desasosiego.

Nadie me espera con mi nombre, con una sonrisa o con un distintivo guiri. Nadie. ¿Y yo? Pues yo simplemente CREO que va a aparecer. Y así es. A su tiempo (que no necesariamente tiene que coincidir con el mío, claro) Con toda la tranquilidad del mundo, veo un papel blanco agitarse a lo lejos, en las manos de un tipo, que no mira a nadie. Adivino – imagino – quiero ver – CREO – que tiene el mismo logotipo que mi pegatina. Efectivamente, así es.

En el “coche”… dos suecas, con buena intención, pero si mucha idea de español. Y un ecuatoriano, sin ninguna intención de lanzarse con el inglés. Bien, me acaban de nombrar intérprete oficial de ese reino.

Nos adentramos en la selva. Efectivamente, tiene toda la pinta de ser el refugio de las guerrillas colombianas (esto es lo que ha conseguido la industria cinematográfica estadounidense). En ese momento tomo conciencia de algo. Nadie, absolutamente nadie, sabe dónde estoy. Mi móvil ni tan siquiera intentó entrar en la onda ecuatoriana y murió en el mismísimo aeropuerto, y claro, lo más probable es que no haya ni…  electricidad! Las señales de humo son más propias del oeste americano, y el tema yogur con hilo no funciona en modo wifi. Estoy vendida.

Dos horas y media de camino (que no carretera) en el que estamos a punto de volcar en más de una ocasión. Ahí se me hace un poco más duro, aunque sigo CREYENDO que todo va a ir bien.

Veo mis primeros animales selváticos: una vaca y un cerdo en medio de la carretera. Desilusión. Cuando pensé en meterme en esto, nunca imaginé que me encontraría con estas especies. Esperaba algo más exótico, no sé. Error. Esta gente también tiene que comer ¿no?

A medida que nos adentramos en la selva, el sentimiento de aislamiento aumenta.
Termina la tierra firme y comienza el trayecto en barco. Tres horas, tres. Las primeras gotas de lluvia las recibo con cierta alegría. A las dos horas estoy hasta la punta del pie (literal y metafóricamente hablando) de agua, porque además, todos sabemos que a partir de cierta velocidad (ni mucha ni poca, la justa) el agua deja de ser blanda. Bien, nosotros navegábamos por encima de la velocidad límite del fluido en cuestión. Así de sencillo.
Me doy cuenta de que lo que yo creía protegido de la lluvia no lo está. El pasaporte y el formulario de entrada, que tan cuidadosamente había rellenado en el avión, y que es mi única forma (sencilla) de salir de este país, están empapados. Pero bueno, CREO que con un poco de buena intención puede leerse.

Llegamos a nuestro destino!¡ Llegamos y… tomo conciencia de la segunda realidad importante del día (después de lo de las vacas): En la selva no hay nada que hacer, a menos que seas Tarzán, Jane, Indiana Jones o similar. Aquí, la sensación de aislamiento y claustrofobia es bestial. Contra la claustrofobia social sé qué hacer: no pensar en ello (contra la física, pensar que aún puedes seguir respirando). Contra la sensación de aislamiento… CREER que se pasará.

Y es que, en estos momentos de mi vida, me cuesta pararme. Me cuesta estar, sin más. Ahora más que nunca, y no sé muy bien por qué. Cuando me doy cuenta de esto, cambio de pensamiento: me va a venir bien.

Al cabo de un rato aparece un grupo de 12 personas: yanquies, noruegas, holandeses, alemanas, ingleses y ecuatorianos. ¡Estamos en port aventura!

El campamento está… ESTÁ. El tema puertas-en-el-baño-y-duchas no se lleva. Tampoco me preocupa.

¡“Empieza la “diversión”!

Delfines rosados, mariposas transparentes, perezosos, monos de distintos tipos. Insectos… ¡miles de insectos!

Aquí, las hormigas (crudas) saben a limón. Los gusanos (crudos también)… a coco. Y quien no los pruebe, no puede decir que ha estado en la selva. Lo siento pero no.

¿La experiencia? Pues la verdad es que mola.

¿Heridas de guerra? Varias. Aunque creo que no me ha mordido ningún insecto (tengo en mi poder una camisa selvática que ni el mejor repelente de insectos de farmacia…). Puede, eso sí, que me los haya bebido… aunque CREO que no. No sé, cuestión de fe.

Fugas

Auto Date Miércoles, Abril 4th, 2007

Una ciudad de la que todo el mundo escapa. Hoy. Todos. ¿Todos? Casi…

Estar en Madrid hoy es raro. Tengo una sensación de permanencia, de inmovilidad, como de letargo… ¿Y eso? Pues “eso” me parece aún más raro. Más aún estando a las puertas de mi odisea-en-el-espacio particular (que promete serlo).

Pero es que… no sé, es como quedarme estancada en medio de un huracán. Estancada y sola. ¿Sola?  Bueno no, sola no… ¡con mis pensamientos!

… ¿es realmente importante saber de sobra que eres la primera? ¿existe ese lugar donde habita el olvido? ¿puede el sol ser insolente? ¿sale gratis soñar? ¿sigue la vida como siguen las cosas que no tienen mucho sentido? ¿querría ser un viejo truhán capitán de barco? ¿verdaderamente me lo dijeron mil veces?

Pues… no sé. ¡Depende!

Foreing land

Auto Date Domingo, Abril 1st, 2007

No deja de ser curioso. Al menos a mi no deja de sorprenderme. No dejo de sorprenderme. Estos cambios… Más o menos importantes, más o menos intensos, más o menos perturbadores.

Y es que, de la noche a la mañana, no tengo nada que contarme. O sí, sí lo tengo, pero no encuentro cómo contármelo. Y lo de siempre, parece que se vuelve más lodesiempre que nunca. Y no me motiva.

Off screen.